Reflexiones
- Psocología y Filosofía:
PARA REFLEXIONAR: El ser del conficto
Tanto el conficto como el problema hacen referencia
a situaciones difíciles de resolver. El problema
puede ser comparado a un rompecabezas donde, conociendo
algunos de los elementos, es necesario descubrir los
restantes. En la medida que el hombre plantee respuestas
adaptativas necesarias para su resolución, se
irán descubriendo y conformando los elementos
desconocidos como manera de solucionar el problema planteado.
El surgimiento de un problema genera inseguridad.
El conflicto aparece cuando surgen en el individuo,
en forma simultánea, impulsos o deseos opuestos
ya que se excluyen mutuamente. Estas tendencias inconciliables
pueden originarse en diferentes áreas de la personalidad.
Así, se puede hablar de conflictos emocionales,
cognitivos y sociales, entre otros. Cuando el conflicto
aparece, genera en la persona tensiones internas que
lo inquietan y angustian. La solución de un problema
trae certeza y seguridad; mientras que llegar a superar
un conflicto trae paz y tranquilidad de espíritu.
Cuando el conflicto está dentro del individuo
pero tiene su origen en las relaciones con el otro,
se lo denomina conflicto interpersonal y es un conflicto
difícil de superar. Si reflexionamos sobre esta
idea y nor retrotraemos al momento de la concepción
del ser humano, es dable decir que tiene una necesaria
y total dependencia del otro-mamá para sobrevivir,
ya que sólo en su seno puede crecer y madurar
en sus funciones que le preparan para el choque de nacimiento
que, por ser tal, no es otra cosa que un conflicto a
superar. Una vez que nace y a medida que atraviesa por
sus diferentes etapas evolutivas, va adquiriendo hábitos
de independencia que le permiten configurar su personalidad.
Sobre la personalidad influyen factores genéticos
y ambientales. Entre estos últimos puden considerarse
las experiencias familiares, (primeras experiencias
tempranas de vida), las escolares, (cuando el niño
se inserta en el mundo de la educacipon formal), y las
sociales, ( cuando su inserción va mas allá
de los límites de la educación sistemática
y abarca el mundo de la cultura). Esto demuestra que
para realizarse como persona a lo largo de su vida,
el hombre no se basta por sí mismo sino que necesita
aprender de otras personas y algunas de ellas serán
tomadas como modelos de identificación. A través
de su diario con-vivir con dichos modelos irá
encarnando diferentes valores y le permitirá
descubrirse a sí mismo con sus fortalezas y debilidades.
Esto demuestra que el hombre no es un ser solitario,
sino esencialmente comunidad: viene de una comunidad,
se inserta y vive en comunidad.
A través de este con-vivir va optando entre diferentes
cosas y se va proyectando hacia el futuro. Esta elección
no se realiza en forma espontánea, sino que es
fruto de su esfuerzo diario que implica, además,
tomar la decisión responsable y libre de llevarla
a cabo. De esta manera va encarnando valores que le
permitirán realizarse como persona.
Este camino a transitar es arduo y difícil pero
no imposible, ya que provoca en la persona un desequilibrio
entre lo que es y lo que desea ser, entre ser él
mismo con sus virtudes y defectos y ser útil
a la comunidad aún a costa de sacrificar sus
deseos mas íntimos. Surge así un conflicto
permanente entre dejar de ser, en parte, uno mismo para
pasar a ser un miembro activo de la comunidad. Esto
exige una equilibrio en la conformación taxonómica,
donde primen valores que permitan crecer como persona
y, a la vez, trasciendan los límites del individualismo
y penetren en la relación con los otros.
Los valores en sí no son buenos ni malos, es
según el uso que hagamos de ellos lo que les
dan sentido y cauce. Este cauce es el que determina
esa lucha interior entre la satisfación de nuestras
necesidades egoístas basadas en deseos individualistas
y el despojarse de mezquindades para adherir a la con-vivencia
del trabajo en común, de la ayuda mutua donde
se compartan alegrías y tristezas a costa del
sacrificio personal. Sólo así lograremos
que el ideal de perfección y crecimiento personal
se vaya encarnando en un valor.
El hombre solo no puede bastarse a sí mismo,
no puede crecer como persona, ya que permanentemente
adhiere al ideario colectivo. Todos aprendemos y dependemos
de todos. Cada individuo tiene sus propias aptitudes
o talentos que si bien no son útiles para todo,
sirven para algo; de ahí la necesidad de la con-vivencia
ya que sólo a través de ella se van estructurando
y fortaleciendo las relaciones personales. Esto es lo
que se denomina conflicto interpersonal que acompaña
al hombre por el camino de la vida, lo angustia e intranquiliza.
En la medida de lo posible se debe ir resolviendo, en
parte, con responsabilidad y libertad a través
de la elección apropiada de valores.
Para poder insertarse en el mundo social sin perder
totalmente su libertad individual, el hombre podría
tomar en cuenta diferentes valores que le ayuden a conformar
una escala armónica que le permita una interrelación
positiva con el otro. Valores como ayuda, solidaridad,
empatía, (como simpatía, percibir las
necesidades afectivas y cognitivas del otro), diálogo,
cooperación, compartir, creatividad, iniciativa,
dar sin esperar nada a cambio, aceptación, autocontrol,
sacrificio propio sin llegar a la sumisión total
al otro, libertad, responsabilidad, reciprocidad, compañerismo,
amistad y todo teniendo como sentimiento subyacente
al amor. Alcanzar estas acciones positivas generan un
conflicto que supone vivirlo de manera tal que no impida
la interrelación positiva. Experimentándolo
así podremos vivir en paz y en armonía,
entendiendo por esta última la sensación
de no tener necesidad de protegernos de alguien, pudiendo
desarrollarnos intelectual y emocionalmente.
Trasladar estos valores al contexto escolar implica
adaptarlos a su marco de referencia. Lograr una con-vivencia
armónica a nivel institucional y áulico
entre todos sus miembros nos obliga a tener en cuenta
valores como: ayuda física y verbal, consuelo
verbal, contención, entrega, valoración
positiva del otro, capacidad de escucha profunda, solidaridad,
compañerismo, respetuo mutuo, responsabilidad,
reciprocidad y unidad de grupo, empatía, humildad,
sinceridad, interdependencia, educación y formación
integral de la persona a través de la interdisciplinariedad,
cooperación y, como ya lo expresé anteriormente,
todos ellos teniendo como basamento el amor.
En mi horizonte de valores, los que acabo de enunciar
ayudarían a un mejor entendimiento y a optimizar
la con-vivencia docente. Lograrlo implica esfuerzo y
responsabilidad. Si bien es difícil concretarlos
en su totalidad, no es imposible; lo principal es que
nos acompañe un propósito firme de alcanzarlos
de a poco, día a día, para ir superando
las debilidades que nos alejan del fortalecimiento individual
y comunitario.
Trabajar con nuestros alumnos el tema del conflicto
y su relación con el mundo de valores que elegimos
vivir, requiere de estrategias específicas de
acuerdo con las características del grupo y de
estrategias generales aplicables a todos los grupos.
Me referiré a estos últimos, los cuales
pueden ser trabajados con los educandos a través
de los diferentes espacios institucionales:
1- Dignidad y valor de la persona. Autoestima y heteroestima.
El yo. El otro. El tú. El entorno. Lo colectivo.
La sociedad.
2- Actitudes, habilidades y relación interpersonal.
La escucha. La sonrisa. Los saludos. Dar gracias. Disculparse.
3- Valoración positiva del comportamiento de
los demás. Los elogios.
4- Creatividad e iniciativa en la relación positiva
con los demás. Resolución de problemas
y tareas. Toma de desiciones personales y aceptación
y participación en las colectivas.
5- Diálogo y comunicación. Manifestación
de los propios sentimientos. El buen trato y el diálogo
en todas sus manifestaciones: verbal, no verbal, gestual,
etc.
6- La empatía.
7- Resolución de la agresividad y competitividad
a través del autocontrol. Resolución de
conflictos con los demás.
8- La ayuda. El servicio. Dar y compartir. Responsabilidad
y cuidado de los demás. La cooperación.
Amistad y compañerismo.
9- La solidaridad. Formas de afrontar las dificultades
sociales. La no violencia.
10- La aceptación del otro.Problemas de discriminación.
Favorecer conductas e iniciativas prosociales a través
de la aceptación y afecto expresado.
ANA MARÍA CATOYRA
PROFESORA DE FILOSOFÍA
Y PEDAGOGÍA
PSICOPEDAGOGA CLÍNICA
LICENCIADA EN ADMINISTRACIÓN
Y GESTIÓN DE LA EDUCACIÓN
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