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*Profesor para la Enseñanza Inicial.
*Profesor para la Enseñanza en E.G.B., 1° y 2° Ciclos

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Educación - Transformación Educativa

CAMBIO DE ESTRUCTURA DE LOS INSTITUTOS SUPERIORES DE FORMACIÓN DOCENTE A PARTIR DE LA REFORMA

Introducción:
Las instituciones educativas han conservado, en su trayectoria recorrida, el papel primordial de ser transmisoras de cultura (1) ; aunque, a lo largo de su historia, han manifestado diferencias en cuanto a los contenidos impartidos y las normativas aplicadas. Toda institución acumula normas, valores, imágenes, conocimientos, que son comunes a sus miembros y conforman su marco cultural.
Hablar de instituciones educativas lleva a reflexionar no sólo sobre la transmisión de la cultura, sino también sobre su función socializadora y sobre la necesidad de preservar su cohesión social. Así, a través de las relaciones sociales que se establecen en cada institución, hay una forma específica de actuación, que pone en evidencia su cultura: el lugar que ocupan directivos, docentes y alumnos; cómo se relacionan docentes-alumnos; el liderazgo de la dirección o su carencia; el trabajo en equipo o su falta; la incorporación o no de nuevas funciones; la reorganización institucional y curricular; su sistema de evaluación, entre otros.
La sociedad demanda crear instituciones que se encarguen de realizar funciones específicas que impliquen la optimización de la calidad de su accionar; la escuela es una de esas instituciones.
El ámbito social ha atravesado diferentes etapas de cambio y reclama de la escuela una transformación semejante: una institución que forme personas competentes y que esté comprometida con los resultados.
La formación del docente, como profesional de la educación, estaba desvalorizada y se hacía necesario su reestructuración. Su accionar pedagógico no respondía ya a las demandas sociales y del mercado laboral con sus constantes cambios y fluctuaciones.
Para poder cumplir dicha tarea con calidad, la Reforma propone, entre otras medidas de reconversión, un cambio de gestión institucional que afecta, en forma integral, los diferentes niveles de su estructura: organizativo, curricular y comunitario; donde se fijen pautas sobre quiénes las conforman, cuáles son las metas a lograr y cómo alcanzarlas, qué principios, objetivos y criterios se tomarán para orientar las decisiones, cómo seleccionar contenidos, diseñar estrategias, evaluar a sus miembros, etc.
Estas propuestas, si bien son cuestionables, deberían posibilitar la autoorganización de la institución para hacer factible la intervención de los docentes en su gestión, sobre la base de una mayor autonomía.
Algunos docentes ponen resistencias a los cambios e innovaciones que
demanda la formación del hombre actual y se sienten presionados en su accionar, por las transformaciones que, en materia educativa, se vienen gestando. Estos docentes no asumen, por decisión, las tareas asignadas y las reformulan de acuerdo con la terminología que, tanto la Reforma como la Ley Federal de Educación y la Ley de Educación Superior, así lo requieren. Siguen actuando como lo habían hecho hasta ahora, generando así, según mi punto de vista, espacios virtuales que no concuerdan con la realidad del cambio. En estas circunstancias se pone en juego el como si, donde algunos acuerdan que están protagonizando cambios y acciones, cuando, en realidad, mantienen todo igual.
Si hacemos referencia a la formación de los futuros docentes, la renovación a partir de la Reforma, ha adquirido singular importancia por las articulaciones que establece con los demás niveles del sistema educativo y, a la vez, por su influencia en la calidad de los aprendizajes. (2)
A partir de la sanción de la Ley Federal de Educación (24.195) y, posteriormente, la Ley de Educación Superior (24.521), el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación y el Consejo Federal de Cultura y Educación (C.F.C. y E.), han fijado y definido las líneas de política educativa que regulan la modificación de la estructura del sistema de formación de los docentes. Esta renovación consiste en transformarlo en un sistema de formación contínua, que se inicia cuando el sujeto comienza a formarse en la docencia y continúa a lo largo de toda su profesión, como una necesidad emergente de las tareas para las que debe prepararse.
Si bien los ejes y objetivos orientadores de la gestión se plantearon en un contexto de descentralización educativa, resignificada, entre otras cosas,a partir de la Ley Federal de Educación, como un proceso orientado a fortalecer la autonomía institucional, se diseñaron tratando de operar sobre: el redimensionamiento del subsistema formador; la reorganización institucional; la renovación curricular; la calidad de la evaluación de estas nuevas carreras; la acreditación de los I.S.F.D.; la actualización, capacitación y perfeccionamiento de los docentes en ejercicio; la incorporación de tareas de investigación y la articulación de los I.S.F.D. con otras instituciones y zonas de influencia. De todos ellos, el eje central es la transformación de la formación en un sistema de formación docente contínua.
A la tradicional función de formación inicial de los futuros docentes, se suma la capacitación contínua y la investigación. La interacción entre estas tres funciones, provocó la modificación de la estructura y organización académica de los Institutos Superiores de Formación Docente.
Como profesionales y trabajadores de la educación, se hace necesario encarar determinados problemas que inciden en el mejoramiento de la administración y gestión de dichas instituciones. Muchos de estos temas fueron ya abordados por estudiosos e investigadores de la educación.
Haciendo un poco de historia...
La formación para el ejercicio de la docencia ha sido un tema complejo de resolver, ya que en los primeros estadios del desarrollo, la enseñanza no estaba a cargo de personal especializado.
En su recorrido histórico, la educación atravesó por diferentes etapas que hacen a la configuración de la institución de acuerdo con el grado de desarrollo social.
En sociedades con escasa diferenciación interna, la educación tomó formas poco específicas. La familia era la única depositaria de la responsabilidad educativa. Aquí la enseñanza apareció como una práctica espontánea e informal.
En formas mas complejas de organización, la educación comenzó a diferenciarse de otras actividades sociales y su rol pasó a ser el de una práctica aislada y especializada, donde la Iglesia y los fines religiosos ocupaban un papel principal.
En sociedades con niveles mas complejos de estratificación y división del trabajo, la educación se institucionalizó y adquirió un alto grado de formalización y llegó a configurar sistemas de educación nacional (pública y privada), con articulación interna.
Surgió un nuevo orden social caracterizado por su movilidad provocado por nuevas formas constitutivas del trabajo. Esto genera una ruptura entre la vida familiar y laboral. A partir de la Revolución Industrial (3), aparecieron las primeras máquinas y ello determinó que las actividades laborales se centralizaran en las fábricas, provocando la declinación de las actividades agrícolas y artesanales, y el traslado de los campesinos para trabajar en ellas.
Se determinaron así grandes cambios políticos, sociales y económicos (4). Esto dió comienzo a la modernidad, donde se estableció una relación más dinámica con la sociedad.
Uno de los cambios importantes en el nivel educativo lo constituyó la formación de los sistemas educativos nacionales. Enseñar se transformó en una práctica específica que requirió de profesionales, ya que se trató de una experiencia organizada en el seno de instituciones especializadas: las escuelas.
Con la formación de los sistemas educativos nacionales se conforma la fuerza de trabajo docente. La escuela moderna se estructura como parte del proceso de producción de la sociedad capitalista, que no hace referencia sólo a bienes materiales sino también a nuevas clases y relaciones sociales, instituciones y saberes. Dichos saberes son comunicados por especialistas o profesionales y reciben retribución por su tarea. Nace así la figura del profesor que, al igual que los sistemas educativos nacionales, van construyendo históricamente su campo profesional (5).
En lo que respecta a la Argentina, el Estado Nacional influyó en el crecimiento de los sistemas educativos y tuvo un papel primordial en la distribución de sus oportunidades.
La formación de los docentes se constituye hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, como niveles y/o modalidades del propio sistema educativo que se estaba estructurando. Así, en la Argentina, la Escuela Normal es desde sus comienzos una modalidad del Nivel Medio, ya que constituye una parte del proyecto de Educación Común. Al finalizar esta modalidad, sus egresados recibían el título de "Maestro Normal Nacional", que les permitía acceder a trabajar como maestros en la enseñanza primaria (6).
En el período que va de 1900 a 1930, de la Oligarquía Terrateniente, la educación superior estaba formada por graduados universitarios, pertenecientes a la Elite Política. Daban clases en los Colegios Nacionales y Bachilleratos, ya que se consideraba que tenían la preparación apropiada para formar a estos alumnos, futuros ingresantes a la Universidad y pertenecían a la misma Elite Política. La educación superior quedaba reservada para la Elite gobernante.
Surgen así dos instancias diferentes: una que comprende al Bachillerato-Universidad, que poseen la preparación adecuada desde el punto de vista social ya que su título tiene prestigio universitario. La otra corresponde al Normal-Escuela Primaria cuya preparación específica se centra en el ejercicio de la docencia (7).
Dentro de este período oligárquico del Estado Nacional, la educación contribuyó a formar una sociedad con identidad colectiva, basada en símbolos y valores comunes. Se desarrolló así el Sistema de Instrucción Pública Centralizado Estatal con el fin de formar ciudadanos conocedores de sus derechos y obligaciones. A través de éste se vislumbra el papel fundamental de Estado Nacional en materia educativa. Este modelo de país proyectado por la elite dirigente de la época, orientó y definió las políticas educativas mediante la legislación: Ley 1.420 en el año 1884 y posteriormente Ley Láinez nro. 1.478 en 1905. Ambas otorgaron al Estado Nacional un papel central en la dirección y prestación del sistema educativo (8).
La ley 1420 constituye la primer normativa que regula la educación común para la Capital Federal y los Territorios Nacionales (9). Entre sus disposiciones está la gratuidad y obligatoriedad de la educación primaria para todos los niños. En su Cap. 3 en sus arts. 24 y 25, hace referencia a la formación de los docentes y a la necesidad de contar con diplomas o certificados para ejercer en la enseñanza primaria, expedidos por las escuelas Normales de la Nación o de las Provincias.
En el cap. 6 habla de la creación del Consejo Nacional de Educación dependiente del Ministerio de Instrucción Pública que funcionará en la Capital Federal y determinará sus funciones.
Por su parte, la Ley Láinez surge a pedido de las jurisdicciones provinciales para que el Estado Nacional creara escuelas Nacionales públicas brindándoles apoyo económico (10).
A través de ésta normativa se pone de manifiesto que el papel del Estado además de garante de la educación era fuertemente interventor. En el período que va de 1930 a 1945, conocido como la década infame, luego de la crisis de 1929 hay una recomposición del capitalismo. Pasado el período de la postguerra, el sistema educativo cobra un nuevo impulso, ya que la educación comienza a ser considerada como un derecho social. La Elite Política pierde espacio en la enseñanza media y hay un crecimiento en este nivel de la enseñanza privada (11).
En ésta época (junio/julio 1929), los profesores secundarios nucleados en el centro de Profesores Diplomados, solicitan al Ministro de Instrucción Pública Juan de la Campa, la supresión de exámenes para obtener el certificado de competencia para ejercer ya que, sostienen, los Profesores Diplomados no necesitan demostrarlo. Estos docentes de enseñanza media van reemplazando progresivamente a los graduados universitarios que pertenecían a la Elite Política. Es este Centro de Profesores Diplomados el que impulsa las reivindicaciones gremiales y profesionales, participando activamente en las gestiones que en 1.958 culminan con la sanción del Estatuto del Docente, que incluye a maestros y profesores.
A mediados del siglo XX uno de los procesos que redefine el rol del Estado Nacional frente al sistema educativo, es la transferencia de la escuelas nacionales a provincia. Impulsado por el Estado a partir de 1.956, se concreta en 1.958 para las escuelas primarias (Leyes 21.809 y 21.810); y en 1992 para las instituciones de nivel medio y superior no universitario (Ley 24.049), aunque su implementación para estos últimos se prolongó por algunos años. A partir de esta ley, los estados provinciales ejercen una acción directa sobre las instituciones en sus diferentes niveles, y por ende en el Nivel Superior, mientras que el Estado Nacional ejerce una acción indirecta. Su asistencia se reduce al área técnica y financiera. En lo que respecta al área financiera, se incorporan los subsidios nacionales para aquellas instituciones provinciales que así lo demanden, mediante una relación directa entre la escuela provincial y el Estado Nacional, violentando así a los Estados Provinciales cuya intervención es nula (12).
Los planes y programas de formación docente prácticamente no han tenido variación hasta que se cambió su estructura organizativa, pasando a constituir una formación terciaria motivo por el cual se incrementó la matrícula. En lo que respecta a los Institutos Privados, se convierten en institutos terciarios por resolución nro. 287 de la S.N.E.P., con fecha del 21 de febrero de 1973.
Junto con la formación terciaria docente, se crea en la Provincia de Buenos Aires el Bachillerato con Orientación Docente. La carrera de magisterio queda conformada de la siguiente manera: 4to. y 5to. año del Bachillerato de Orientación Docente corresponden al 1ro. y 2do. Año respectivamente de la carrera. El 3er. y 4to. año son equivalentes al 1ro. y 2do. años del Nivel Superior. En este último año se cursaba paralelamente la residencia. Al término se obtenía el título de Profesor para la enseñanza primaria o Profesor para la enseñanza preescolar.
Posteriormente se agrega en el plan de estudios un cuatrimestre más para las residencias (resolución 501). En algunos institutos se cambió dicho plan por uno piloto al solo efecto de comprobar si era efectivo (resolución 37/82). Su duración era de tres años: luego de dos años se obtenía el título de Profesor para la enseñanza primaria. Haciendo un año más eran también Profesores para el nivel preescolar.
En el caso de la educación privada, hasta 1993 cada profesor planificaba sus programas que luego eran elevados a la S.N.E.P para su aprobación. El nombre de las asignaturas varía y se intenta generar cambios en áreas del conocimiento y de las relaciones sociales y culturales que hacen a la formación de los nuevos docentes, aunque prácticamente dicha formación se mantuvo sin modificación. Por lo expresado, la formación docente fue cayendo, poco a poco, en la obsolencia y las medidas tomadas resultaron aisladas y poco coordinadas, ya que respondían más a esfuerzos individuales propios de cada docente que a medidas institucionales.
Teniendo en cuenta la cantidad de conocimientos que surgieron, la formación inicial del docente debería ser complementada con formación y acreditación permanente a lo largo de toda su vida.
Este proceso de complejización de los saberes determinó la diferenciación de la profesión docente que operó no sólo en los sistemas de formación, sino en su interior. Primero se produjo la diferenciación de la formación para cada nivel del sistema educativo, luego la formación de los enseñantes para distintos tipos de poblaciones
(educación especial, rural de adultos,etc ) y en las modalidades de enseñanza (bachillerato, educación técnica, comerciales, etc.) (13).
Estos diferentes tipos de instituciones para formar distintos perfiles del docente, originaron una yuxtaposición de instituciones sin vinculaciones ni intercambios. Comenzaron a surgir demandas desde todos los actores de la sociedad, para un mejoramiento del perfil profesional del futuro docente:
*-Desde los docentes se reclamaba por la dignificación y profesionalización de su rol.
*-Desde las familias, una demanda de mejor formación de docentes para una mayor preparación de sus hijos, acorde con los cambios sociales y culturales que el mundo necesita.
*-Desde los alumnos, un pedido de cambio de actitud y tratamiento de contenidos y metodologías empleadas en las clases (14).
La institución educativa, como construcción social, se halla sometida a los cambios dinámicos de la realidad. Se reconoce, por tanto, una necesidad de redefinir las demandas educativas, como consecuencia de los cambios sociales, culturales y económicos. Esto genera un compromiso de los gobiernos nacionales, provinciales y municipales para garantizar, desde el marco legal, los derechos de los trabajadores de la educación. Esta reorganización comprende también al sistema de formación de docentes.
Nueva normativa que implica un cambio en la gestión institucional
En 1993, se sanciona la Ley Federal de Educación (24.195), y con ella se inaugura una nueva etapa de la educación argentina.
El sistema educativo argentino no había tenido una ley que regulara su funcionamiento en todos sus niveles, ciclos y /o modalidades. La Ley 1.420 regía para la enseñanza primaria de la Capital Federal y los Territorios Nacionales. La Ley 5.650 regía en el nivel provincial, con el mismo fin que la anterior. La Ley Avellaneda regulaba al nivel superior universitario. Pero en ningún caso, a pesar de algunos intentos, se había promulgado una ley para todo el sistema y la nación.
Hubo sí legislaciones parciales (decretos, resoluciones) y legislaciones provinciales.
La Ley Federal de Educación se ocupa, entre otras cuestiones, de sentar las bases para el funcionamiento de todos los niveles; incluye la educación formal y no formal, la común y especial, la tecnológica y artística; incorpora la educación de niños, jóvenes y adultos; extiende la obligatoriedad a diez años (uno de inicial y nueve de EGB); crea el Consejo Federal de Educación formado por la máxima autoridad educativa de cada provincia y del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Dicho Consejo es presidido por el Ministerio de Educación de la Nación y se ocupa de las políticas educativas y de concertar estrategias para la formación del sistema educativo; garantiza la igualdad de oportunidades a través de medidas compensatorias; establece nuevas formas de gestión para las instituciones; promueve la articulación con el mundo del trabajo y la universidad; define los Contenidos Curriculares Básicos Comunes para todo el país como garantía de calidad, equidad y unidad nacional; introduce la evaluación de la calidad como instrumento para mejorar el sistema educativo argentino; incorpora normas para el desarrollo del sistema educativo nacional referidas a la obligación del Ministerio Nacional de compensar desequilibrios educativos regionales, solucionar emergencias educativas o poner en práctica experiencias educativas de interés nacional y promueve la jerarquización y profesionalización del docente.
De todo lo expuesto, se puede expresar que el cambio de estructura propuesto por la normativa en lo que hace a la formación de la docencia, es importante y revolucionario, ya que permite elevar la excelencia profesional, mejorar la organización curricular de la formación inicial, perfeccionarse en forma permanente y contínua tanto a graduados como a docentes en actividad, capacitarlos para actividades de capacitación, ampliando así su horizonte de acción.
Estos cambios repercutieron en la gestión institucional. Su organización debió generar estructuras más flexibles y dinámicas para responder a la integralidad y especialización que la nueva formación y ejercicio docente exigen.
Así, los Institutos de Formación Docente Contínua, (a partir de ahora I.F.D.C.), crearon nuevos modelos de gestión basados en la elaboración de los proyectos educativos institucionales (P.E.I.) y de los diseños curriculares institucionales (D.C.I.) organizados en tres campos: formación general, formación especializada y formación orientada.
Estos avances estimularon la autonomía de los I.S.F.D., al mismo tiempo que posibilitaron su relación con las escuelas destino vinculadas por la práctica.
La práctica de la investigación ayuda a un mejor conocimiento del sistema educativo y del funcionamiento de las escuelas, ya que a través de ella se pueden resolver las demandas de la práctica docente y de la problemática institucional.
El cambio estructural favorecido por las leyes dispone criterios para lograr las metas que la sociedad demanda de los futuros docentes. Es necesario aceptar los cambios, ya que el sistema educativo logrará cambiar si se pueden formar docentes profesionales capaces de asumir los nuevos roles.
El nuevo perfil docente propone tener una actitud distinta frente al saber, que lo lleve a fortalecerse, enriquecerse y dignificarse con una adecuada preparación profesional académica. El futuro docente se proyecta profesionalmente a través de la formación que va recibiendo y queda determinado en su accionar por el currículo dado y por la práctica institucionalizada que hace a la nueva forma de gestión. Manifestar un compromiso de mejorar la educación implica enseñar a pensar y comprometerse con la normativa, porque todo docente que pueda pensar y entender, es responsable de las decisiones que en el nivel áulico e institucional tome.

 

(1) Portelli, Hugues : Gramsci y el bloque histórico. Edit. Siglo XXI , México, 1973.

(2) Ministerio de Cultura y Educación: Institutos en transformación. Revista Novedades Educativas. Año4, n°35. Noviembre-Diciembre 1999. Pág. 28

(3) Caruso,M. y Dussel, I.: La invención del aula. Edit. Santillana, Bs. As., Argentina, 1999. Cap.3 (pág.90)
(4) Bendix, R.: Estado nacional y ciudadanía Edit. Amorrortu. Bs. As., Argentina, 1974. Cap. 2 (pág. 45-48)
(5) Braslavsky, C. y Birgin, A.(comp.): Formación de profesores. Impacto, pasado y presente. Edit. Miño y Dávila. Buenos Aires. Argentina. 1992. Cap.2 (pág.59)

(6) Braslavsky, C y Birgin, A.(comp.): op.cit. Cap.2 (pág. 64).
(7) Braslavsky, C. y Birgin, A. (comp.): op. cit. Cap 2 (pág. 65).
(8) Braslavsky, C. y Birgin, A. (comp.) : op.cit. Cap 2 (pág. 63).
(9) Ley de Educación Común, N° 1.420

(10) Imen, P. : "Las alternativas pedagógicas y culturales desde los movimientos sociales y sus organizaciones". En trabajo de investigación presentado en el Concurso Público de Becas para el área Ciencias Sociales. Primera Parte. Edit. Naimo Artes Gráficas. Buenos Aires, 1994. Pág. 364
(11) Fernández, M.; Lemos, M.L. y Wiñar,D.:" Un siglo de educación en Argentina". En La Argentina fragmentada.El caso de la Educación. Edit. Miño y Dávila. Buenos Aires, 1997. Cap.1 (pág.21)
(12) Imen, P.: op. cit. 2° Parte.(pág.464).

(13) Ministerio de Cultura y Educación. Revista Zona Educativa. Año 4, N° 32. Mayo- Junio 1999. Págs. 26/27.
(14) Revistas de la Secretaría de Programación y Evaluación Educativa del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación: La Transformación del Sistema Educativo,1996.




ANA MARÍA CATOYRA

PROFESORA DE FILOSOFÍA Y PEDAGOGÍA

PSICOPEDAGOGA CLÍNICA

LICENCIADA EN ADMINISTRACIÓN Y GESTIÓN DE LA EDUCACIÓN

 

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